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Torre de Pisa
Tras una larga noche de cortejos, risas y molestas idas y venidas a las habitaciones amanecemos para, con equipaje en mano, dirigirnos a Pisa y Chivitaveccia.

Tras una avalancha de vendedores ambulantes conseguimos alcanzar el autobús lanzadera y adentrarnos en las murallas que rodean la ciudad. Pese a nuestras repetidas y típicas fotos de apuntalamiento de la torre, esta permanece empecinadamente inclinada.
Visitamos, la catedral y el baptisterio con gran celeridad para no fallar a la ya tradicional cita con una gran superficie donde compramos el avituallamiento para el viaje de vuelta y los profesores todos los avíos para la fiesta final en el barco.

Una vez en el puerto, descasamos y, afortunadamente tras una espera menos dilatada que la efectuada en Barcelona en el viaje de ida, embarcamos.
Ducha, maquillaje, rimel, sombra de ojos, plancha para el pelo, tacones, minifaldas, laca de uñas y colonias son los prolegómenos de los que presumimos una gran noche en el Cruise Roma, el barco que ha de llevarnos hasta España.
Tras la cena, cortesía de los profesores, a base de Pizza al taglio, nos encaminamos a la disco donde tendremos que aprovechar nuestra última noche.

Soto il ponte de Rialto

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